2010ko Euskadi Literatura Saria

Ensayo en castellano

Azken egunak Gandiagarekin - Azal-orria

Irabazlea: Miguel Sánchez-Ostiz Gutiérrez
Izenburua: Sin tiempo que perder
Argitaletxea: Alberdania

Premio de 18.000 euros y 4.000 euros si la obra premiada se publica en otra lengua.

Epaimahaia:
Ana Iriarte Goñi, presidenta del jurado.
Juan Jose Lanz Rivera, epaimahaikide.
Ainhoa Larrañaga Elorza, epaimahaikide.
Francisco Soguero García, epaimahaikide.
César Coca García, epaimahaikide.
Marta Merino Ortiz de Landaluce, epaimahaiko idazkari (hautespiderik gabea).


Epaimahaiak ikusitako merituak

Epaimahaiak lanaren hurrengo merezimenduak aipatu ditu:

  • Idazkeraren kalitatea, gaiak jorratzeko ikuspuntuaren originaltasuna, bizitako esperientzia goraipatzea pentsamenduaren oinarri gisa.
  • Bizitza idatzia, bizitza irakurria..
  • Lokalismoa unibertsaltasun mailara jasotzea.
  • Liburuaren heterodoxia, generoen arteko hausturaren erakusgarri.
  • Gaien alternantziak erritmo desberdina markatzen du; lana irakurriz gozatu egiten da.
  • Liburu zintzoa, ez beti politikoki zuzena, Sánchez-Ostizen ibilbideko lanak islatzen dituena.

Saritutakoari buruzko hainbat datu

Miguel Sánchez-Ostiz Gutiérrez

Miguel Sánchez-Ostiz Gutiérrez (Iruñea, 1950).

Nobelagile, poeta eta artikulu-idazle, saiakera biografiko eta literarioak ere idatzi ditu, horien artean Pio Baroja, a escena (2006).

Bere lanen artean, aipagarriak dira Las pirañas (1992), No existe tal lugar (1997), eta La flecha del miedo (2000) elaberriak, eta baita ere "Las armas del tiempo" zizloa osatzen dutenak: El corazón de la niebla, En Bayona, bajo los porches eta La nave de Baco. 1999an bere poesia lana guztiak La marca del cuadrante (1979-1999) lanean bildu zituen.

Argitaratu dituen azken lanak izan dira: bilduma honetan argitaratutako La calavera de Robinson (2007) elaberria, Tiempos de tormenta. Pío Baroja 1936-1940 eta, bilduma honetan ere bai, Cuaderno boliviano (2008).


Saritutako liburuaren ingurukoak

Gure eguneroko paisaiako mudantzek eta aldaketek abagune ezin hobea eskaintzen digute uste duguna baino beranduago ez dela konturatu gaitezen, baina bizitzearen negozioetan, alabaina, ez dagoela denbora galtzerik. Arimako paisaiarekin edo paisaiarik gabe, bizitzako etxearekin edo etxerik gabe, bidea zain daukagu, bizitzearen intentsitateak ez du atsedenik ematen.

Orrialde hauetan, Bukaresteko (Ekialdearen eta Mendebaldearen arteko hiria) neguko egunak pasatzen zaizkigu begi aurrean: elurra kaleetan eta bele-saldoak iluntzeetan zeruan; eliza ilunak, kasinoak, hondarrak, sinagogak eta hilerri ezkutuak. Eta Mircea Eliade, Sebastian eta Manea kaleen atzean, Valparaisoko kaleak (esaten dutenez, Pablo Nerudak asmatutako hiri hori): Salvador Reyesen pertsonaien portua, Raúl Ruiz zinemagilearena, Aldo Francia eta Joris Ivensena, lainoa eta ontzien sirenen marrua; eta bertako eskailera amaiezinen buruan Robert Louis Stvensonen boten arrastoak, Edinburgoko museoko beira-arasean. Edinburgo: handik atera ziren bere gorpu-lapurrak, Jekyll eta Hyde, eta handik abiatu zen Watson doktorea ere, Sherlock Holmesen lorratzean.

Orri hauetan mudantzak, bidaiak, grina literarioen eta ez literarioen agertokiak, ikerketak, aurkikuntzak eta topaketa intentsoak erakusten zaizkigu. Ikusitako gauzen eta bizitako pasarteen kontaketa da, kontuan izanda beti bizitzaren beraren intentsitateari dagokion horrek ez duela geroratzerik onartzen.


Zatia

HOY LA PRENSA TRAE LA NOTICIA de un juez chileno, conocido por su perseverancia en la persecución de violaciones de derechos humanos durante la dictadura militar, que ha ordenado procesar y detener a noventa y ocho ex agentes de la DINA, los servicios secretos de la dictadura, incluidos los generales que estaban en la dirección.
El magistrado les imputa el secuestro y asesinato, en 1975, de cuarenta y dos prisioneros. Su desaparición y asesinato fueron encubiertos mediante un montaje llamado Operación Colombo, ligada a la Operación Cóndor, en colaboración con las dictaduras de Argentina y Brasil, para simular que se habían matado entre sí.
Están procesados tanto los que dirigieron la operación como los que perpetraron los crímenes, carceleros, informantes y hasta los conductores de los vehículos en los que transportaron a los detenidos, casi del MIR chileno.
Es una lección de hasta dónde se puede llegar en la recuperación de la memoria histórica, ya que no en la justicia efectiva, esto es, en las sentencias condenatorias y efectivas de los culpables.
Los detenidos son militares ya viejos, muchos de ellos están en prisión- en situaciones de privilegio con respecto a otros delincuentes habría que añadir-, y las condenas que puedan caerles no pasarán de ser simbólicas. Es una lucha contra el tiempo.
Otros, por el contrario, son más jóvenes y han venido viviendo camuflados en la sociedad civil, dedicados a actividades diversas: taxistas, cafetines, comercios, internetes… Aquí, en cuanto rascas un poco, mucha gente que está medianamente acomodada tiene o tuvo que ver con el Ejército o la Armada en tiempos de Pinochet, y también son muchos los que no quieren acordarse de lo que hicieron y dejaron de hacer, no quieren verse de colaboracioncitas de mejor o peor grado- "cuando te torturan denuncias a tu madre", me dijo uno hace cinco años- o simplemente, no ya de reaccionarios casi genéticos, sino de apostadores del mejor postor. Para esta gente, todos los ejercicios de memoria acaban siendo acusatorios, un modesto "remover la historia". Los colaboracioncitas y los que han sacado provecho personal de la dictadura- desde una beca a un puesto de trabajo de por vida- tienen poderosas razones para no remover nada, cuando no se han inventado un pasado a su medida.
Una circunstancia es particularmente repulsiva en este caso: la utilización de propaganda negra para camuflar los crímenes y acusar a los propios miritas de ser los autores de las muertes de sus compañeros en diferentes países de América Latina. Fueron muchos los muertos y desparecidos: ciento diecinueve.
Un diario chileno, el vespertino La Segunda, tituló en aquellos días: "Exterminados como ratones: 59 miritas chilenos caen en operativo militar en Argentina". Las víctimas, entretanto, eran asesinadas en silencio en los cuarteles secretos en Chile y hasta hoy permanecen como detenidos desparecidos. Y para más recochineo no es difícil escuchar que están vivos en el extranjero, dándose la gran vida en los países nórdicos o en Canadá.
De aquello queda una memoria podrida, incómoda.

EL RITO DEL DESAYUNO y la conversación sobre la marcha del mundo con El Mercurio al alcance de la mano. Para los chilenos la cuestión de la salida al mar de los bolivianos es una cuestión cerrada, que solo quieren abrir los comunistas y socialistas. Cuando oyes hablar de ese modo, percibes un difuso rencor social.
Soledad me ha ido contando de su vida poco a poco: enviudó hace siete años. Su marido era viajante de comercio. Al principio le iban a poner a los alojamientos Odín, como el barco que tenía el suegro. Tres hijos y cuatro nietos, de los que habla con orgullo, como si fueran la justificación de toda una vida.
Me habla de vagas genealogías hacia las que parece tenía curiosidad, más que nada porque uno de sus hijos estuvo casado con una mormona, y los mormones andan a vueltas con las genealogías y hasta las han convertido en un negocio. Es posible que esta mujer tenga antecedentes vascos, alaveses, pero se ve que a ella, y a muchos otros, les importa un carajo tener o dejar de tener ascendencia vasca, digan lo que digan los estudiosos que por fuerza son parciales.
Para mucha gente, el pasado familiar es un territorio en el que es mejor no hurgar. Más allá de dos generaciones no quieren saber nada. Los cuicos, esto es, los pijos, los nuevos ricos y los ricos viejos son otra cosa: esos se buscan genealogías hasta donde no las hay, sobre todo ahí, y maquillan en lo que pueden sus orígenes, y lucen escudos a los que no tendrían derecho en el tiempo en que para ostentarlos era necesario tenerlo.
Araya, Arcaya, Aldunate, Arce… Qué habría detrás de esos apellidos qué historias particulares, olvidadas: emigración sin duda, una vida dura, con un fondo de minas, de salitreras, de exilios, de "Américas" que no se hicieron, de mala suerte, de infortunio….
En ese sentido la del Winnipeg es todavía una referencia, pero la mayoría de los que he conocido han perdido u olvidado su origen español. ¿Suprimido? Tal vez. Las raíces son una cosa rara, las pierdes, las arrancas, las cultivas, las olvidas, las dejas en herencia, las inventas… A cada cual su caso particular, su "Vda.Historia".
Te hablan de una caja de fotografías y papeles, cartas, certificados, que no visitan, que está, siempre arrumbada. Cuando la visitan regresan a su presente con más fuerza. No hay vuelta atrás.
La vida de cualquiera de esos inmigrantes es mucho más interesante que la del profesor mitómano y embustero que procura mantener su estatus pagando el menor golpe posible y se hace leyendas en una ciudad invisible. Cansa mucho esa novelería usada hasta la trama, en el papel y en día a día.
Y detrás de esas derivas, en el cansancio de ser originario, de pertenecer a un territorio, a una tribu (la disfraces como la disfraces) y hasta de ser uno mismo. Ser originario, tener raíces, inventárselas, convertirlas en un culto, en una religión.
El ser alguien, el no ser nadie, la gitanería espiritual. Cuando se vive en un pueblo, o en una pueblón, se es alguien, lo quieras o no, por fuerza, con tu buena o mala reputación colgando de la pechera de pingüino como si de una sucia medalla se tratara. Cuando eres un transeúnte, no eres nadie, un solitario a la fuerza, un extranjero, alguien medio invisible que debe cuidar esa cualidad que le protege porque puede concitar la instintiva xenofobia de la tribu. Importa poco de cuál se trata.


Gaztelaniazko saiakerari dagokion Euskadi literatura sariaren finalista

  • "Juan Larrea, versión terrestre", José Fernández de la Sota. Argitaletxea: Muelle de Uribitarte

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