Logotipo de Facebook Logotipo de Twitter Logotipo de RSS

Fecha de publicación: 08/06/2017

'Tener una buena Inteligencia Emocional se relaciona con mejores relaciones interpersonales, mejor salud y rendimiento superior, además de mayor bienestar y satisfacción con la vida'

Natalia Alonso Alberca ha impartido en Donostia el curso Inteligencia emocional en acción: herramientas para una mejor relación con la juventud

Natalia Alonso Alberca, profesora de la Facultad de Educación, Filosofía y Antropología, de la UPV/EHUNatalia Alonso Alberca es profesora de la Facultad de Educación, Filosofía y Antropología, de la UPV/EHU, miembro del grupo de Investigación Delincuencia, Marginalidad y Relaciones Sociales - DMS, en el que centra su labor en analizar el desarrollo de la Inteligencia Emocional y el papel que tiene para la adaptación psicosocial de las personas. Como formadora, desarrolla intervenciones en organizaciones educativas, empresariales y sociales.

Las emociones tienen un papel fundamental para las personas en el día a día, y han sido esenciales para la supervivencia de nuestra especie. Nos informan de que algo relevante para nosotros está sucediendo, nos ayudan a tomar decisiones y nos predisponen a actuar activando cambios fisiológicos, cognitivos y conductuales para responder adecuadamente a las demandas del ambiente. La IE se refiere a tomar decisiones sabias que tengan en cuenta lo que sentimos, lo que implica prestar atención a las emociones y a la rica información que éstas nos aportan.

  • ¿Qué es la Inteligencia Emocional?

La Inteligencia Emocional se define como un conjunto de habilidades para procesar la información procedente de las emociones, y usar dicha información para tomar decisiones que favorezcan nuestra adaptación y nuestro bienestar. Este conjunto de habilidades emocionales empieza por atender a lo que sentimos y lo que sienten otras personas, continua con analizar las causas y las consecuencias de las emociones y los sentimientos, y se concreta en ser capaz de aprovecharlas y de gestionarlas de una manera constructiva.

Existen diferentes concepciones o maneras de entender la Inteligencia Emocional, y es el conocido como Modelo de Habilidad de Mayer y Salovey (1997) el que cuenta con mayor aval científico y aplicado. Estos autores fueron los primeros en plantear la existencia de un tipo de inteligencia específica relacionada con lo emocional, y consideran que estas habilidades emocionales son mejorables a lo largo de toda la vida. Así, hoy en día, contamos con numerosísimas experiencias contrastadas que aportan certeza sobre la posibilidad de mejorar nuestra percepción emocional (tanto las propias como las de otras personas), nuestra habilidad para expresar lo que sentimos con seguridad y de manera regulada, las habilidades para captar las causas y las consecuencias de las experiencias emocionales, y nuestra habilidad para gestionar las emociones que sentimos nosotros u otras personas.

  • ¿Qué puede aportarnos la Inteligencia Emocional?

El currículum educativo oficial sigue sin incorporar la emocional como una de las áreas básicas en las que las personas deberíamos ser competentes, pero creo que es acertado afirmar que la mayoría consideramos valioso que alguien sepa captar adecuadamente cómo se siente él mismo y las personas que están a nuestro alrededor, y que tome en consideración esa información como algo relevante en la relación humana. Valoramos también cuando nuestro compañero de trabajo o nuestro alumno entiende que si estamos ansiosos o apáticos nuestro rendimiento puede verse afectado y, por supuesto, apreciamos que sea una persona capaz de ayudarnos a gestionar esa emoción y a lidiar con la situación de la manera más positiva posible.

Así, aunque como decía, el currículum oficial no se explicite (hay que señalar que en algunas comunidades, como Canarias, ya se ha incorporado), la sociedad espera que desde la escuela y desde otros ámbitos de la educación no formal se promueva el desarrollo de la competencia emocional. La IE nos acerca a esta meta, partiendo de prestar mayor atención a las emociones, dado que influyen en la mayoría de los procesos que vivimos a diario, como la relación con los demás, el aprendizaje, el rendimiento laboral … Y continuando por practicar, entrenarnos para mejorar nuestra percepción, nuestra comprensión de las emociones, nuestra capacidad de generar emociones para favorecer procesos y nuestra capacidad para regular las emociones, de modo que la puesta en marcha de estas habilidades nos ayude a crecer, a desarrollarnos de manera positiva y siendo capaces de tender a alcanzar nuestras metas contribuyendo asimismo al desarrollo de otras personas.

  • ¿En qué puede ayudarnos a la hora de trabajar con jóvenes y adolescentes este enfoque de la Inteligencia Emocional?

Poco más de 25 años después de que Peter Salovey y John Mayer plantearan por primera vez el concepto de Inteligencia Emocional, contamos con suficiente aval para afirmar que tener una buena IE se relaciona con mejores relaciones interpersonales, mejor salud y rendimiento superior, además de mayor bienestar y satisfacción con la vida. También sabemos que las habilidades emocionales pueden resultar protectoras frente a problemas emocionales como la ansiedad o la depresión, uno de los principales problemas de nuestro siglo según la OMS, así como frente a conductas de riesgo y conductas disruptivas, la agresión o el consumo de drogas, entre otros. En particular, los y las adolescentes con una buena IE tienen mejores relaciones sociales, mayor nivel de confianza y autoestima, así como presentan menos problemas conductuales.

Quienes trabajamos con jóvenes y adolescentes tenemos ante nosotros una valiosa información en las emociones que sienten, imprescindible para entender su realidad, sus motivaciones, sus expectativas y sus modos de actuar. Conectar con las emociones de los/as jóvenes, entenderlas y ser capaces de ayudarles a responder ante ellas es un reto posible y enriquecedor, el reto de mejorar nuestra IE y ayudar a desarrollar la de ellos y ellas. Sabemos que el modo más efectivo para promover este desarrollo es ser ejemplo activo, y referente de competencia emocional. Por ello, es fundamental que quienes trabajamos con jóvenes y adolescentes sepamos identificar, entender y gestionar las emociones y los sentimientos, tanto los propios, como los de las personas con las que trabajamos.

Es un requisito y una suerte que necesitemos mejorar nuestra propia IE para ayudar a otras personas a desarrollar la suya, creando contextos emocionalmente inteligentes.

¡Síguenos en las redes sociales! 

Logo de Facebook   Logo de Twitter