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Observatorio Vasco de la Juventud

Fecha de publicación: 06/10/2011

Entrevista con Elías Botet e Iñaki Lázaro, formadores del curso de Emprendizaje

Elías Botet e Iñaki Lázaro, formadores del curso Emprendizaje. Asesorando con la motivación y recursos prácticos para emprender, que se celebró del 21 al 23 de septiembre en el Observatorio, se entrevistan mutuamente acerca de diversas cuestiones sobre emprendizaje, innovación y redes sociales.

Elías Botet es uno de los fundadores de Botet y Asociados, Ingeniería de Innovación, dedicada a mejorar la competitividad de empresas y profesionales a través de estrategias de innovación del producto. Participa en la creación de empresas del sector de las TICs y tiene participación en uniones de empresas chino-españolas.

 

 

Iñaki Lázaro es secretario técnico de la Asociación Internet Euskadi y cofundador de Colectivia. Asimismo, es formador en diversas áreas tecnológicas. Descubrió su  vocación emprendedora a los 19 años, cuando participaba en programas de emprendizaje en Lan Ekintza. Cuenta con una amplia trayectoria profesional en diversas empresas vascas como Panda, B-kin, etcétera.

 

 

 Elías: ¿Cómo está la situación del emprendizaje en estos tiempos que corren…?

Iñaki: Creo que emprender es una necesidad vital que todos debiéramos experimentar. Trabajar por cuenta ajena no es, ni mucho menos, la única solución que existe, sobre todo hoy en día. El objetivo de muchas personas jóvenes y no tan jóvenes de ser “funcionarias” es algo que en otros países no se entiende. Por desgracia, socialmente no está muy bien valorado hacerse emprendedor o empresario. 

 ¿Qué podemos hacer para motivar el emprendizaje y generar personas emprendedoras?

Iñaki: Educación con mayúsculas. Si decimos que en países como EE UU emprender es algo que está bien visto y trabajar como funcionario es una decisión temporal que se hace en un plano solidario y social con la sociedad, esa visión debería llegar hasta aquí. Los futbolistas pueden ser héroes para muchas personas jóvenes, pero no deberían ser el único referente social, ya que, por muy buenos futbolistas o deportistas que tengamos, que, por supuesto, es elogiable, no saldremos de la crisis y mejoraremos la situación laboral precisamente con las estrellas del fútbol.  

 ¿Cuándo es un buen momento para emprender?

Iñaki: El momento puede cambiar en función de la situación vital de cada persona. Mientras una persona se está formando, ya puede ser interesante que tenga en mente su proyecto o ideal laboral. Hemos escuchado muchas veces aquello de “no encuentro trabajo de lo mío” y, en cierta medida, es porque nos formamos para entrar en un mercado laboral en el que parece que el único objetivo es trabajar por cuenta ajena, con mucha estabilidad, un gran sueldo y unos jefes que nos ayuden en la carrera laboral… Sin embargo, este ideal es mucho más sencillo de cumplir si optamos por el trabajo por cuenta propia. Evidentemente, tiene su dificultad, pero creo que toda la gente debería estar preparada para afrontarlo. 

 Entonces, ¿hay que motivar a la gente joven a emprender?

Iñaki: Sí, por supuesto. Es una cuestión de motivación, pero no únicamente para gente joven. Después de una etapa profesional por cuenta ajena, también puede ser muy enriquecedor trabajar por cuenta propia, tener un proyecto profesional propio, colaborar en otros proyectos… En definitiva, tener la motivación y saber encontrar las oportunidades. En nuestro entorno, eventos como El Iniciador son un buen ejemplo de los recursos para motivar en emprendizaje. 

 Iñaki: ¿Qué importancia tiene la innovación en el trabajo de la persona emprendedora?

Elías: Toda actividad de emprendimiento es, en parte, un proceso de innovación en sí misma. Esto es así porque, si la propuesta que la persona emprendedora tiene en mente se ejecuta “copiando” un modelo de negocios ya existente, no podrá  llegar muy lejos. Tiene que haber un diferencial en la propuesta de valor del producto o servicio, en la organización de la empresa (menores costes), en los canales de distribución, en la relación con el cliente, etcétera. En una palabra: tiene que haber un planteamiento innovador desde el inicio mismo de la idea. Toda persona emprendedora fue antes “innovadora” en el momento que decidió crear su empresa.

En segundo lugar, la economía va por ciclos. Pocos han dicho que la causa de la crisis es que la economía va por ciclos, y nos encontramos en la parte baja del ciclo anterior, que fue excesivamente expansivo. La creación de productos y procesos nuevos, modelos de negocios revitalizados y la detección de necesidades potenciales son procesos de innovación que conducen al desarrollo de la economía. Emprender implica entrar en un mercado, que puede estar o no maduro. Para entrar en un mercado maduro —típico en la mayoría de los sectores, en esta parte deprimida del ciclo— tu estrategia de entrada debe ir provista de planteamientos de innovación sistemática, es decir, adaptar la innovación como uno de tus procesos. Si así lo haces, tendrás una oportunidad en estos sectores deprimidos. Si atacas un mercado no maduro, de los que no se encuentran en esa “parte baja del ciclo”, tal vez con una brillante idea y el adecuado equipo puedas triunfar. Pero si no estás preparado para innovar, rápidamente entrarán otros competidores e intentarán copiar tu modelo de negocios y podrán ir apartándote del mercado. Por lo tanto, la persona emprendedora que ignora la innovación o la considera como algo puntual, está —hoy en día, más que nunca— abocada al fracaso. Esto ocurre por dos motivos: a) la alta velocidad de la socialización gracias a la revolución digital —Internet, entre otros—, que hace que la información se haya democratizado y difundido a gran velocidad; y b) la globalización, que pone a nuestro alcance cualquier producto en cualquier lugar del mundo. La persona emprendedora que se obsesiona con la innovación tiene la oportunidad de convertirse en un Bill Gates o un Steve Jobs. 

 ¿Puede una persona que trabaje por cuenta ajena ser emprendedora?

Elías: Una persona empleada o trabajadora por cuenta ajena con la inquietud vital a la que hacía referencia Iñaki, tiene dos opciones. Si está en una empresa con “orientación emprendedora”, esta le ofrecerá que participe en algún programa de emprendizaje corporativo, desde concursos de ideas,  programas de mejoras hasta programas de creación de nuevos procesos, productos y negocios.  El mayor problema que ha traído la actual competitividad empresarial es que hemos olvidado el papel de la persona —y de su talento— en la actividad económica. Solo se ha considerado como medio de producción o como persona consumidora. Se nos ha olvidado que las sociedades han llegado al nivel de progreso actual gracias al talento creativo y a la capacidad de socialización humana. Y el mayor desperdicio de las empresas es precisamente ese: no conseguir alinear los valores e intereses de sus plantillas con el negocio, especialmente el valor de «contribuir a la buena marcha del negocio poniendo mi talento creativo en aras de mejorar el negocio en el que participo». 

Entonces, la clave es que la empresa sepa crear espacios de participación —y, por supuesto, recompensa— para aquellas personas empleadas a quienes les interese y les guste poner en valor su talento emprendedor. Esto se podría hacer a través de programas de intraemprendizaje que propongan la formación de empresas dentro de empresas por empleados de las mismas, a los que se les dé autonomía y recursos para la puesta en marcha de “sus” proyectos con la garantía de: a) una participación en los beneficios; y/o b) volver a la empresa en caso de que pueda fracasar el proyecto empresarial. Ojalá las empresas vayan cambiando su cultura organizacional y se den cuenta de que, para sobrevivir, hay que movilizar al máximo ese talento. 

La otra opción que le queda a la persona que tiene esa inquietud (yo le llamaría propósito) y no encuentra apoyo en la empresa en la que trabaja o cuya idea está muy alejada de la actividad de la misma, es la de utilizar su tiempo libre para dar los primeros pasos. Si en estos primeros pasos va encontrando “su propósito” y alimentando su espíritu emprendedor, no habrá perdido el tiempo. Estos primeros pasos son: a) decidir si se tiene ese espíritu emprendedor; b) pensar cuidadosamente la idea semilla, la propuesta de valor, una estimación del capital necesario y cómo conseguirlo; y c) realizar un “estudio de mercado”, sea formal o informal. A partir de ahí… venir a un curso de emprendizaje a empaparse de los pasos necesarios para emprender.

 

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